|
|
>
Venezuela sigue atravesando una grave situación ambiental
producto de un modelo desarrollista que le ha impuesto la
clase dirigente de ayer y de hoy, afectando particularmente
regiones de alta fragilidad y valor ecológico, como
las selvas de Guayana y el Amazonas. Bajo un esquema de desarrollo
sin conciencia ecológica que se remonta a los años
50, tanto los políticos que han dirigido el Estado
venezolano como los sectores privados nacionales e internacionales
que piensan sólo en el negocio a corto plazo, vienen
arrasando con nuestros ecosistemas tropicales generando pobreza
y destrucción para las futuras generaciones y la extinción
de seres vivos que han convivido en equilibrio sin intervención
del hombre, poniendo en riesgo incluso especies que pueden
ser fuente de biomedicina para muchas enfermedades que actualmente
sufre la Humanidad.
Así
se vienen presentando distintos casos que son resultado de
actividades económicas, o de megaproyectos estatales,
a espaldas de las comunidades locales, con repercusiones ambientales
y sociales incuantificables, que requieren una respuesta oportuna
de la comunidad nacional e internacional y los ecologistas
venezolanos lo asumimos, tales como:
>
Forestal Imataca, área rica en bosques lluviosos de
gran biodiversidad pero de alta susceptibilidad a la actividad
aurífera, la cual implica grandes deforestaciones y
contaminación con mercurio y cianuro. Desde ese año
venimos luchando contra esa política minera y todavía
exigimos la derogatoria del cuestionado Decreto (aún
no resuelto a pesar del discurso presidencial) para que sea
sustituido por una normativa, previa consulta pública
adecuada, que no perjudique al área protegida.
>La explotación
de carbón en la Sierra de Perijá, a cielo abierto,
que viene destruyendo las cuencas hidrográficas más
importantes del Estado Zulia a pesar de la oposición
de las comunidades locales y en especial de los indígenas
Barí y Yuckpa. A esto se le suma la proyección
de un puerto carbonífero denominado "América",
en la entrada al Lago de Maracaibo, que de construirse afectaría
la pesca artesanal y el turismo y sólo dejaría
más contaminación a las aguas aledañas.
> La minería
en las áreas protegidas del Estado Bolívar que
protegen a la cuenca del río Caroní, actividad
que viene destruyendo los bosques guayaneses con deforestaciones,
sedimentación y contaminación de los ecosistemas
y del hombre. Todo esto sin importar que dicha cuenca aporta
el agua que abastece el consumo de los principales centros
poblados de la región y a la represa del Gurí,
que produce por lo menos el 70 % de le energía eléctrica
del país.
> La construcción
del tendido eléctrico a Brasil atravesando varias áreas
protegidas de Guayana, entre la que destacan el Parque Nacional
Canaima, la Reserva de Imataca y la Zona Protectora Sur de
Bolívar, que junto a otras infraestructuras y un marco
legal minero favorable a las transnacionales, sólo
sirve para fomentar los intereses del oro y diamantes, impactando
el ambiente e irrespetando a las comunidades indígenas
Pemón que viven en la Gran Sabana.
> La contaminación
petrolera producto principalmente de los continuos derrames
que ocurren los cuales vienen acabando con el Lago de Maracaibo
y afectan ríos y campos agrícolas del occidente
y oriente del país. Hasta la fecha el Estado no ha
emprendido una política de promover fuentes energéticas
alternativas a pesar del daño ambiental que ocasiona
el petróleo, responsable en parte de los cambios climáticos
que ocurren en el mundo.
> La extracción
de hidrocarburos en el Delta del Orinoco, donde habitan los
indígenas Waraos. Esta región conforma uno de
los ecosistemas más frágiles del país,
ya que cualquier contaminación química lo afecta
en su conjunto. El Delta requiere ser protegido integralmente
y suprimirse la actividad petrolera la cual ya viene haciendo
estragos en sus caños.
> El saque y tráfico
de madera en todo el territorio nacional, y en especial en
los bosques cercanos a las ciudades, como los de la Serranía
del Interior, la Península de Paria y el Macizo de
Nirgua. Situación que es producto de la falta de vigilancia
y a la corrupción de funcionarios públicos.
> La modificación
y perturbación de ecosistemas costeros del país,
tales como la Ciénaga de Los Olivitos en el Zulia,
Morrocoy en Falcón o Playa Valdés en Nueva Esparta,
no importando la figura de protección legal del área
ni mucho menos las poblaciones aledañas, sólo
para beneficiar intereses económicos ajenos a la nación
y afectando a muchas comunidades de pescadores venezolanos.
> La contaminación
del aire y de las aguas en las ciudades sin que se produzcan
medidas de control eficientes por parte de las autoridades,
debido también a la falta de conciencia social sobre
las implicaciones a la salud y al ambiente.
Unión Nacional Ecológica y Social (UNES)
Geógrafo Jorge Padrón
jorgepadronc@cantv.net
|